El apetito Emocional
Comer por hambre emocional conlleva a excesos y, por lo tanto, al sobrepeso. Es necesario aprender a distinguir claramente una de otra.
El hambre o apetito emocional es un síndrome conocido desde hace mucho tiempo, pero antes era asociado exclusivamente a una depresión neurótica o nerviosa y considerado un “problema femenino”.
Hoy en día, se lo encuadra en síntomas depresivos vegetativos porque la gente que padece estos desórdenes tiende a sentirse floja, acongojada, somnolienta y come demasiado. Cabe aclarar que aquellas personas que sufren estos síntomas no suelen tener serios problemas de ánimo. A diferencia de aquellas que sufren de depresión clínica, no se sienten tristes o desesperanzadas y, generalmente, se trata de personas que se desenvuelven bien en su trabajo o vida personal.
La serotonina es una monoamina neurotransmisora y entre sus funciones está la de regular el apetito mediante la saciedad. Además, interviene junto a otros neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, relacionados con la angustia, ansiedad, miedo, agresividad y problemas alimenticios.
Los síntomas de apetito emocional suele afectar más a las mujeres, aunque los investigadores encontraron poca diferencia en la cantidad de serotonina en sangre entre hombres y mujeres pero difieren en el número de efectividad de los receptores que se aferran a la serotonina. Esto significa que ambos pueden tener la misma cantidad de serotonina en sus cerebros, pero los hombres harán un uso mejor de este químico.
El descubrimiento más importante es que la actividad de la serotonina en el cerebro de la mujer disminuye o aumenta con su producción de estrógeno. Cuando las mujeres tienen un alto nivel de estrógeno poseen mayor actividad de serotonina en sus cerebros y, cuando el estrógeno baja, tienen menor actividad.
¿Cómo darnos cuenta?
Aquellas personas que padecen tres o más de los síntomas que se enumeran a continuación deberían consultar a su medico de confianza:
• Comer demasiado y aumentar de peso
• Tener poca energía
• Dificultad para concentrarse
• Problemas para dormir
• Irritabilidad o tensión
• Somnolencia diaria
• Menguado interés sexual
• Ansiedad moderada
• Depresión moderada
• Sensibilidad exagerada al rechazo o crítica
Luego de aceptar el problema, existen ciertos pasos que se pueden seguir para lograr recuperarse. El primero es reconocer los momentos cuando se cree sentir hambre sin ser así. Es recomendable llevar un pequeño diario de comidas, anotando todo lo ingerido durante el día, para luego poder analizarlo y verificar si se cometieron excesos. También es importante reconocer el estado de ánimo mientras se come. Por último, el ejercicio físico es un aspecto fundamental, no sólo ayuda a mantenerse en línea sino también a liberar estrés y ansiedad. • rdb
