1º de Diciembre – Día mundial de la lucha contra el SIDA
El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), que como indica su nombre afecta al sistema inmune, es decir a las defensas del organismo, produciendo una baja en su número y alterando su funcionamiento. La progresión de la enfermedad produce una predisposición a infecciones oportunistas, constituyendo el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) que ante la imposible o deficiente defensa ocasiona múltiples complicaciones, que sumado a otras enfermedades concurrentes, terminan con la vida del paciente.
Las manifestaciones clínicas de este virus fueron descubiertas en el año 1981, en forma prácticamente simultanea en Francia, Inglaterra y grandes ciudades de la costa este y oeste de los Estados Unidos. Los primeros casos en nuestro país se registraron en el año 1982. Desde entonces la progresión de casos fue en forma geométrica afectando a todos los países del mundo, siendo diagnosticado en la Argentina 5000 nuevos casos por año. El rango de edad de las personas afectadas varía entre los 25 y 34 años, siendo el más afectado tanto para hombres como para mujeres. Las relaciones sexuales heterosexuales constituyen la primera vía de transmisión para hombres y mujeres, en segundo lugar para los hombres es la homosexual, y en el caso de las mujeres la transmisión madre hija, y en tercer lugar el uso de drogas inyectables tanto para hombres como para mujeres. (Según estadísticas del Ministerio de Salud).
Una vez que ingresa en el organismo, este virus actúa como un verdadero caballo de Troya, ya que infecta a las células encargadas de la defensa de nuestro cuerpo, los glóbulos blancos. De esta manera, las invade y comienza un ciclo de infección y multiplicación dentro de las mismas. Este virus se integra a la estructura genética de dichas células pudiendo permanecer “dormido” (latente) por un período de tiempo determinado que hace que el tiempo de aparición de los síntomas y su detección mediante exámenes de laboratorio sea variable. Este tiempo puede establecerse, en forma general, entre las 6 semanas hasta los 6 meses pudiendo extenderse hasta los 2 o 3 años en algunos casos. El período comprendido entre la infección y el primer resultado positivo es conocido como período de ventana, ya que existe infección pero sin comprobación por parte de los exámenes de laboratorio. Este período de ventana estará en relación con la vía de infección y con la cantidad de virus que ingresó en el organismo, pudiendo la persona en cuestión transmitir la enfermedad.
Existen diferentes vías para el contagio, la transmisión sexual, transfusión, drogadicción, inoculación mediante aguja con sangre o fluido infectado, contacto entre fluidos y piel con alguna lesión que favorece el ingreso del virus, o la transmisión madre/hija o madre/hijo ya sea en el útero o al momento del parto y/o lactancia. No se ha demostrado contagio por contacto casual, saliva, aerosoles o mediante la picadura de insectos.
La mejor manera de prevención que existe para el VIH/SIDA, es evitar las situaciones de riesgo, la promiscuidad y la drogadicción. Para el personal de la salud extremar los cuidados al manipular material biológico o elementos punzo cortante con sangre o fluidos.
Clínicamente en una primera etapa un tercio de los pacientes entre una semana y seis semanas posterior al contagio, presentan un cuadro inespecífico de fiebre, decaimiento, dolores musculares, cefalea y manifestaciones a nivel de la piel que pueden confundirse con otra enfermedad viral o pasar incluso desapercibido. En el transcurso de la segunda etapa de uno a diez años se presenta sin síntomas, pero las pruebas de laboratorio ya son positivas y pueden contagiar. De no contar con un examen de laboratorio estas personas ignoran su estado de portador de HIV, por lo tanto no toman los recaudos para evitar el contagio ni modifican conductas. En una tercera etapa se produce una inflamación de varios ganglios de distintas ubicaciones sin causa aparente, la cual puede durar tres o más meses y aumentar o disminuir de tamaño en forma arbitraria e impredecible hasta incluso desaparecer. En un cuarto estadio empiezan a manifestarse las complicaciones, el sistema inmune está comprometido, las defensas fallan y comienzan a manifestarse las infecciones oportunistas, con enfermedades producidas por hongos, virus del herpes (con síntomas más importantes), neumonías, etc., y un gran número de alteraciones a nivel cardiológico, pulmonar, renal y/o cerebral. En esta última etapa pueden producirse también cánceres secundarios. Esta última etapa constituyen el SIDA, donde las defensas del organismo enfermo (huésped), es incapaz de contener la enfermedad y el deterioro de la persona se torna evidente con riesgo de vida.
Los exámenes de laboratorio diagnósticos detectan anticuerpos específicos contra el virus del HIV, cuyas siglas son ELISA. Esta prueba tiene una alta sensibilidad y especificidad (95 y 98%), debiendo ser corroborados por otro método para certificar el resultado de positivo. Es decir si un resultado por ELISA es positivo, deberá hacerse una segunda prueba con otro método, el Western blot, que detecta partes del virus. A su vez el número de los glóbulos blancos desciende, específicamente un grupo llamado linfocitos CD4, el más afectado por el virus y que es el talón de Aquiles donde ataca el virus. Por ello, la cantidad de glóbulos blancos y específicamente de linfocitos CD4, constituye un parámetro de seguimiento del grado de compromiso de estos pacientes.
Existen drogas conocidas como antiretrovirales que si bien permiten controlar la enfermedad, e inclusive pueden lograr que se vuelva indetectable, no son curativas (recordar la capacidad de permanecer “dormido” del virus), por lo que se sigue trabajando en la búsqueda de otros tratamientos y de vacunas para tratar y prevenir la enfermedad. Estos tratamientos no son inocuos, también presentan efectos adversos y toxicidad, y requieren de su uso simultáneo incrementando estos efectos no deseados.
Por ello la concientización y la prevención siguen siendo los pilares para evitar la progresión de esta enfermedad.
Sebastián Virgillito • Médico UBA • MN 110823
